HUBO UNA VEZ UN SUEÑO
Poemas y canciones
JOSÉ ANTONIO VENEGAS
Me parece importante distinguir individualidad de individualismo, pues el primero es un derecho fundamental de todo ser humano, y el segundo es un engendro endémico del capitalismo, una manifestación despótica, egocéntrica y perversa que a menudo siembra la muerte. Los derechos humanos comienzan por el respeto a la diferencia.
Lo que procura el individualista es el enriquecimiento personal, desposeído por completo de altruismo. Una muestra de ello es la destrucción del planeta y del medio ambiente. Luis Eduardo Aute en su canción La belleza describe bien el resultado directo de la avaricia: “ Su combate es la escalera, y el que trepe a lo más alto pondrá a salvo su cabeza, aunque se hunda en el asfalto la belleza”.
El individualismo es semejante a células cancerígenas al interior del tejido social, y la ausencia de conciencia colectiva ayuda a la proliferación de tales células.
En esta carrera hacia el consumo egoísta, también se encuentran los organismos genéticamente modificados (OGM), la aparición de la vaca loca y recientemente la utilización del maíz para fabricar etanol que condenará aproximadamente a tres mil millones de seres humanos a morir de hambre.
He aquí el resultado de la parásita ambición de una minoría. A mi modo de ver, el humano debería ser como el pantógrafo, léase un puente transmisor entre micro y macrocosmos sin destruir ni alterar las leyes naturales.
En Filipinas, en enero del 2006, tras semanas de lluvias torrenciales, cientos de personas murieron sepultadas bajo el peso de una montaña que se desmoronó sobre una aldea que se encontraba a sus pies. La desforestación comercial indiscriminada fue la causa de semejante tragedia. La tala fue autorizada a sabiendas de lo que podría ocurrir (ya que las raíces de los árboles sostienen la tierra). Una vez más prevaleció “el oro sobre la conciencia” (Silvio Rodríguez). De la misma forma como se está destruyendo el planeta, se destruye también toda tentativa de transformación social y política que se oponga a esta manera de actuar y se encarcela o asesina a quienes proponen algo diferente.
Otro ejemplo del que puedo hablar es el del 11 de septiembre de 1973 en Chile, país del que un día emigré como consecuencia del golpe militar que truncó el sueño de un pueblo, la vida de muchos y el intento de un cambio social que contradecía los ambiciosos valores defendidos y propulsados por Washington y el capital que estaba en manos de una minoría, sacrificando así los intereses de la mayoría.
El título de este libro nace de un verso del poeta chileno Manuel Aránguiz:
Hubo una vez un sueño
Que allí se me quedó
Hubo una vez un sueño
Que nunca se murió
Hoy no tengo más patria
Que los pasos que doy
Y en ese mi camino
A mis hermanos voy
Mi patria son los pobres
Mi bandera su amor
Mi casa son tus ojos
Mi tierra su calor
Por todo esto es que continúo amando, cantando, escribiendo, componiendo, puesto que soy un sobreviviente de aquel sueño trunco y una pequeña fracción de memoria disgregada. Mas el polvo y la memoria disgregada tienen algo semejante. En efecto, poco importa la fuerza de la explosión que los dispersa porque tarde o temprano regresan al lugar de donde fueron removidos... y, así, “un día más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre” (último discurso de Salvador Allende).
El agua es como la sangre, traza el agua la memoria de su ciclo natural en el medio ambiente y la sangre, la historia de lo que ha sido su gente. Y es por esto y muchas otras cosas más que aún renacen en mí...
lamentos y esperanzas.
Aunque las nubes se extiendan por el cielo
y aunque la sombra amenace,
atravesando el milenio,
de arrastrarnos al abismo
devorando nuestros sueños
Hay que seguir viviendo
hay que seguir creyendo
hay que seguir luchando
(José A. Venegas, Lamentos y esperanzas)